O que fazer com os pacientes hoje drogados pela psiquiatria?

A opinião dos colegas do Mad, Espanha.

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suecia1_miahHemos viajado a Suecia para asistir al simposio organizado por The Extended Therapy Room Foundation, un proyecto de reciente creación liderado por Carina Håkansson, cuya misión es llevar el trabajo terapéutico a la comunidad para crear espacios en los que las personas puedan encontrarse y compartir sus experiencias y saberes, y construir un contexto social mejor.El evento, que tuvo lugar en la ciudad de Gotemburgo el pasado 15 de octubre, reunió a conocidos representantes internacionales de prácticas alternativas al tratamiento farmacológico que están respaldadas por la investigación y la evidencia. Entre los ponentes estuvieron Olga Runciman, Robert Whitaker, Jaako Seikkula, Sami Timimi, John Read y Will Hall, que alrededor de la preocupación común sobre el aumento de los diagnósticos psiquiátricos y la prescripción de fármacos, y del interés compartido por entender las implicaciones de este fenómeno a nivel individual y social, constataron el daño que produce el reduccionismo del modelo médico en salud mental, y hablaron de la existencia de alternativas viables para atender el sufrimiento a través de enfoques que tienen en cuenta la complejidad del ser humano.Sami Timimi, que abrió la jornada, explicó que “el modelo médico invita a las personas a convertirse en pacientes crónicos, porque transmite la idea de que existe un fármaco que ayuda, como si hubiera un agente externo que puede hacer algo con lo que a uno le pasa”. Además, la investigación ha mostrado que el consumo a largo plazo de psicofármacos incrementa la cronicidad de los trastornos psiquiátricos y la discapacidad en el funcionamiento, tal como señaló posteriormente Robert Whitaker en su ponencia. No hay evidencia de que existan desequilibrios bioquímicos cerebrales cuando hablamos de trastornos mentales. La historia es más bien la contraria: es la toma a largo plazo de psicofármacos la que genera cambios en la bioquímica cerebral.Los estudios sobre eficacia del tratamiento arrojan resultados sobre los que merece la pena detenerse. Se ha visto, por ejemplo, que las expectativas del paciente sobre el tratamiento y su valoración sobre la alianza terapéutica en la segunda sesión son los mejores predictores de resultado; que el efecto placebo explica la mejoría de los pacientes en el 50-60% de los casos, y que al menos el 80% de la mejoría de esos pacientes tiene que ver con los llamados factores no específicos o efectos humanos. Es decir, aquello que estamos llamando factores inespecíficos es más importante que los efectos químicos del fármaco en sí. Y son precisamente esos factores inespecíficos los más genuinamente humanos: las expectativas, la calidad del encuentro entre las personas, la cualidad de la alianza que establecemos con los otros, las narrativas que nos contamos para vivir y para entender lo que nos pasa, el nivel de implicación cuando se trata de una relación de ayuda. “No es posible recuperarse en un sistema que no tiene en cuenta estos aspectos, ni se puede trabajar dentro de un sistema que mantiene ideas individualistas acerca del sufrimiento”, apuntaba Carina Håkansson, que llamaba también la atención sobre el hecho de que el lenguaje clínico no tiene nada que ver con la experiencia de las personas que acuden a los profesionales en busca de ayuda. “Nos falta conocimiento acerca de los dilemas humanos, la tristeza, el duelo, la ansiedad, la angustia, las cosas que sentimos cuando la vida nos desafía con fuerza. El punto de vista técnico que se ha adoptado en psiquiatría, y que se ha extendido a otros terrenos, nos ha alejado de la tradición fenomenológica y, con ello, de la complejidad en las descripciones y de la importancia del conocimiento subjetivo. Tenemos que encontrar maneras nuevas de describir las cosas que nos pasan como seres humanos, y de establecer relaciones humanas significativas”.El aumento del tratamiento psiquiátrico y del uso de medicación en todos los grupos de edad es un asunto ético sobre el que es necesario hablar. Hace falta un cambio global de esta situación y de los contextos en que vivimos. Tal como señaló John Read en el simposio, no hay evidencia de predisposición genética para la enfermedad mental. El predictor estadístico más potente para problemas de salud mental es la pobreza[1], y el mejor predictor de suicidio no es tener un diagnóstico de depresión, sino haber sufrido abuso sexual en la infancia.“Lo que llamamos locura es una variedad de la expresión humana. No estoy diciendo que la locura sea un mito y que no haya sufrimiento. Necesitamos ayuda, pero la gente sufre básicamente por su aislamiento y por la falta de apoyo. Lo que marca la diferencia no es la presencia o no de voces, o de paranoia, o de ideas de suicidio. No es la presencia o ausencia de síntomas, sino que ahora no me siento tan impotente con mis experiencias ni estoy tan solo”. Así comenzaba su ponencia Will Hall, que ha escrito una guía sobre la retirada de medicación psiquiátrica: “Harm Reduction Guide to Coming Off Psychiatric Drugs”’ editada por The Icarus Proyect y Freedom Center. La guía está disponible en internet y es el resultado del trabajo realizado por un grupo de apoyo mutuo durante varios años. Hall tiene claro que se puede dejar la medicación aunque tengas un diagnóstico de esquizofrenia, y también que no existen recetas para hacerlo, puesto que se trata de una cuestión muy personal. Su guía ayuda a planificar un camino propio. No hay una única manera de hacerlo y cada persona tiene que poder elegir en función de los beneficios y las contrapartidas que encuentre.  Actualmente, Will está implicado en una investigación sobre el tema.suecia_miahLa reunión en Gotemburgo sirvió también para crear el Instituto Internacional para la Reducción del Consumo de Psicofármacos, que se ha constituido por un grupo fundador que componen Olga Runciman, Birgitta Alakare, Robert Whitaker, Will Hall, Jaako Seikkula, Volkmar Adelhold, John Read, Magnus Hald, Peter Gøtzsche y Carina Håkansson. Este Instituto tendrá como objetivos principales la formación, la generación de investigación y de evidencia práctica sobre los procesos de retirada de medicación, y la creación de una red internacional de personas implicadas.Habitamos un sistema que nos enferma de manera crónica, y que está dominado por la industria farmacéutica y por visiones reduccionistas sobre nuestra naturaleza humana. Por eso es tremendamente inspirador encontrarse con personas de diferentes partes del mundo que siguen apostando por la autenticidad en las relaciones, que saben que lo importante es que haya alguien que se implique y que responda cuando la vida se pone difícil porque nos afectamos unos a otros, y que no han renunciado a la posibilidad de crear juntos lugares seguros para que los encuentros sucedan, el tipo de encuentros en los que es posible no considerar que una sola persona es el problema.Terminamos la reseña, para seguir con nuestra lucha, con las palabras de Carina Håkansson: “El futuro no existe aún, podemos crearlo. Es un mensaje optimista y a la vez exigente. Tenemos el poder para hacer que las cosas cambien”.

[1] El predictor más potente para problemas de salud mental es la pobreza relativa, que alude al nivel de desigualdad social.